Organización y Rendimiento Sostenible
  • Cada vez más, aunque las personas escriban sus propios textos o hagan sus propias cosas, vamos a sentir que casi todo es más automatizado y que casi todo es inteligencia artificial. Porque llegará un momento en el que todos los textos se habrán pasado por inteligencia artificial: por la necesidad de quien escribe de hacerlos amenos y por la del propio público de leerlos lo antes posible, de una forma rápida, vistosa y que le estimule.

    Pero esto no es algo de ahora. Llevamos asistiendo a la muerte del texto largo, profundo y con cierta dificultad de comprensión desde, más o menos, principios de los ochenta. Ahora es cuando esto se ha intensificado.

    No tiene por qué ser malo. Puede ser bueno y puede ser interesante, siempre y cuando las personas entiendan y empiecen a reconocer que solo tienen una parte muy ínfima de la verdad al leer estos textos rápidos de Instagram, de los carruseles, de los posts, de LinkedIn e incluso, a veces, de los propios blogs de las webs.

    Porque esto no solo va de textos, no solo va de LinkedIn, no solo va de leer algo mejor. Va de entender cómo nos afecta esta forma de atender a lo que leemos, a lo que escribimos y a lo que hacemos, y cómo afectará al trabajo en el futuro.

     

    Tendemos a hacer aquello que puntúa

    Al final, los seres humanos tendemos a hacer aquello que puntúa.

    Un ejemplo de lo que planteo es el cine español. Cada vez vemos más bodrios y peores películas y, en mi opinión, en muchas de ellas pesa más cumplir las cuotas de género, las cuotas de reparto y las cuotas de inclusión que el propio guion. El guion termina valiendo mucho menos porque es lo que menos se premia. Lo que menos se premia es el valor de escribir, el valor de crear.

    Eso termina llevando a que las personas tiendan cada vez más a copiar y a hacer burdas referencias y esperpentos que simplemente son una copia barata, como puede ser Temu en muchos de los grandes productos que tenemos en el mercado.

    Y al final no es culpa de las personas que crean o que escriben. Ni siquiera de las personas que intentan conseguir negocio y para ello hacen esto. Es más una realidad notoria nuestra como sociedad, como cultura, como seres humanos.

     

    El ahorro cognitivo y la comodidad

    Todo esto viene de una necesidad inherente a nuestra propia naturaleza: el ahorro cognitivo, que al final hace que el ser humano evolucione para intentar estar cada vez más cómodo. Y eso es importante.

    El problema es que, si no nos sentamos a sentir que los textos, que lo que escribimos y que lo que hacemos tiene un sentido, y en parte no nos obligamos a tener ese proceso introspectivo, posiblemente cada vez sea más complejo encontrar una sociedad mejor.

    Porque la propia comodidad de la sociedad irá haciendo que cada vez sean menos necesarios ese tipo de textos, ese tipo de profesionales y esas personas con un pensamiento profundo.

    No porque hayamos perdido una capacidad innata, sino porque la propia sociedad irá moldeando los procesos cognitivos hasta que prácticamente se reduzcan a un simple botón de encendido o apagado.

    Y esto, en un dispositivo, puede ser muy interesante, como en su momento Steve Jobs se empeñó en diseñar dispositivos que pudiera usar hasta un mono. En la realidad de la propia sociedad y de su estructura, no lo es.

    La sociedad necesita seres pensantes que permitan la evolución y el crecimiento. Si no, lo único que llegamos a ser es una sociedad totalmente alienada, no más interesante que los dibujos en blanco y negro que se podían ver en los años cincuenta, donde todo era claro y todo era sencillo.

    La realidad es que, sin intelectuales y personas pensantes que realmente cuestionen la autoría del detalle y la autoría del sentir, posiblemente cada vez nos traguemos más humo, más mentiras y más estafas. Y aceptemos mucho más al guapo, sonriente, tirano y narcisista que a la persona que, simplemente por decir la verdad, no cae bien.

     

    La creación humana necesita conocimiento

    En una sociedad donde cada vez vamos a tener más tiempo para pensar, resulta curioso y bastante anecdótico que las personas vayan a pensar menos.

    En una sociedad donde más tiempo vamos a tener para crear, resulta interesante e intrigante que las personas tengan menos conocimientos que les permitan hacerlo.

    Porque de lo que no nos damos cuenta es de que la creación humana nace del conocimiento de las cosas y, sobre todo, de algo mucho más interesante: la necesidad de resolver las intrigas y los misterios.

    Y para esto se necesita pensamiento profundo, transversal y análisis de datos. Si no está, posiblemente sea más difícil.

    De hecho, a día de hoy ya lo vemos. La mayoría de nosotros, seguramente, cuando vemos un vídeo de YouTube o un texto lo suficientemente profundo y complejo, directamente lo quitamos, lo cancelamos o decimos que es un bodrio, sin ni siquiera atender a lo que ha dicho o a las ideas que intenta proporcionar el autor.

     

    Lo que puede pasar en las empresas

    Esto llevará a un futuro complejo en el que las empresas simplemente tendrán a un mono de feria con una IA que le dará órdenes. Cada vez lo estamos viendo más.

    La inteligencia artificial puede ayudar a automatizar o cambiar ciertos procesos. Después de una reunión, por ejemplo, puede permitirnos tener un informe o un resumen que nos diga qué ha pasado, qué se ha hecho.

    Pero nos encontraremos con seres que directamente ni siquiera piensen. Ahora mismo, muchos de ellos lo vierten todo en sus secretarias, en su equipo, en su gente. Cuando lo tengan que verter en una IA, directamente se convertirán en personas tan inútiles que muchas veces ni atenderán a lo único que podían hacer, o que hacían medio en condiciones, en su empresa: la visión estratégica.

    Entonces, todo esto de la lectura de textos atencionalmente poco demandantes terminará destruyendo la capacidad estratégica del ser humano y su capacidad adaptativa. Y cuando eso pase, la sociedad será un sitio peor.

    Un sitio donde cada vez importe más el individuo y donde ese individuo sea incapaz de pensar en perspectivas complejas.

     

    Lo que está en juego con nuestra atención

    Aquí, en esta tesitura, es donde nos encontramos. Aunque parezca un simple problema atencional, la realidad es que afecta a los cimientos de nuestra civilización.

    Nuestra civilización de progreso, tecnología, avance e ilustración se basa en principios fundamentales: entender el conocimiento, el valor del conocimiento, la capacidad de razonamiento, la capacidad de pensamiento profundo, la capacidad de hacer una crítica con eso y, a partir de ahí, construir a través del diálogo entre los seres humanos.

    Todo esto es lo que está en juego y está en jaque.

    Por eso, si quieres un consejo, o igual vienes aquí buscando una solución y no solo un problema, conviene que también nos detengamos en qué podemos hacer.

    Porque, como pasa en el 99 % de los textos y de los vídeos que a día de hoy tenemos, muchas veces solo se busca el sensacionalismo y la conexión emocional sin ayudar al ser humano a crecer y evolucionar. Ayudar a crecer y evolucionar es lo que al final hace esa conexión cognitivo-emocional, donde las dos partes conectan para hacer a un individuo completamente humano, dejando la bestia para momentos concretos en los que la necesidad inherente del propio acto permite conectar con ese ser.

     

    Mantener viva la atención también requiere entrenamiento

    El consejo que te voy a dar es que, igual que entrenas el cuerpo a día de hoy, igual que sabes que no puedes comer infinito y que debes regular la alimentación, igual que sabes que tienes que entrenarte en esas habilidades sociales, debes entender que también tienes que mantener tu atención viva.

    Es uno de los precios que tenemos que pagar para seguir teniendo esta civilización y esta sociedad increíblemente maravillosa. Una sociedad donde muchos podemos vivir sin tener que preocuparnos cada día por cosas tan serias como la muerte, por tener que enfrentarnos a un hermano o por tener que luchar por todo y por cada cosa simplemente para comer.

    Donde no tienes que caminar ochocientos kilómetros, ni cuarenta, ni treinta, ni veinte, para encontrar agua. Donde puedes pasear con tus nietos, con tus hijos, tener incluso dos o tres mujeres, hijos de diferentes edades y nietos a la vez. Todo esto que permite la vida que hemos construido.

    Lo más importante es que sigas manteniendo tu atención viva. Para ello también tendrás que obligarte y, sobre todo, querer que tu mente vaya más allá, que evolucione, que crezca. Da igual la materia, da igual el lugar.

    La cuestión es que no te roben tu capacidad de pensar y tu capacidad de entender la vida. Porque, si eso ocurre, no dejarás de ser un ser alienado. Y por más que el mundo que hemos construido parezca una vida increíble, no dejará de sentirse como un decorado si no sigues entrenando esa capacidad.

    Así que lee cosas profundas, lee cosas aburridas, lee y llama gilipollas a un filósofo, pero lee.

    Aprende, instrúyete, observa y ayúdate a mirar en perspectiva con pensamiento transversal, intentando unir cosas de un mundo con otro. Y desde ahí, aunque al principio no tengas mucha coherencia ni mucha consistencia externa, que por lo menos las ideas ayuden a que tu cerebro se mantenga.

     

    Juan Francisco Díaz Navas | Psicólogo General Sanitario Especialista en Conducta y Neurociencias | Trabajo, Rendimiento, Liderazgo, Clima Laboral y Salud.